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Por Pablo Santiesteban , 11 de diciembre de 2021

El incendio de 1936 y otros desastres que superó Castro

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Imagen del incendio de 1936 de la colección del fotógrafo Gilberto Provoste Angulo.
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Imágenes que conmueven el corazón y llaman a la solidaridad hemos podido apreciar a través de las redes sociales y la televisión, en pleno siglo XXI., del incendio de Castro, catástrofe casi tan terrible como un maremoto o un bombardeo.

Hasta ahora se estima que cerca de 150 casas fueron consumidas por el fuego, principalmente en la población Camilo Henríquez, en una de las partes altas de la ciudad.

Castro ha conocido con dolor de incendios y otras catástrofes, pero que siempre ha superado con la fuerza de sus habitantes y manteniendo el honor de ser una de las ciudades más antiguas de Chile.

Fundada en 1657, Castro vivió el terremoto de incendio de 1575, el ataque de corsarios holandeses en 1600 al mando de Baltazar de Cordes y posteriormente otro saqueo de corsario holandeses en 1643, esta vez al mando de Enrique Brouwer, hecho que obligó a los ciudadanos a huir a los campos.

En septiembre de 1768 un rayo cayó sobre la torre de la iglesia jesuita de Castro, quemando parcialmente el templo. El Padre Fray Pedro González de Agüeros en su «Descripción Historial de Chiloé» acota que: «…en el año 1772 acaeció el incendio de la Parroquia o Matriz de aquella ciudad…». En 1786 y 1787, sendos terremotos y siniestros prosiguen la secuela destructiva en Chiloé. 

OTROS INCENDIOS

Según Rodolfo Urbina cita en sus tantas obras de la historia de Chiloé el 22 de marzo de 1857, a las 20:30 hrs., un pavoroso incendio destruye el Colegio Franciscano y parte de las casas. El Colegio era un enorme edificio de madera de dos pisos y ocupaba una manzana completa. En los «Apuntes históricos del P. Francisco Cárcamo Pérez», dice: «… entre las ocho y nueve de la noche, estando toda la comunidad religiosa en el refectorio, un foco de fuego que se advirtió por la parte del noviciado, al lado septentrional del primer cuadrilátero del edificio en los altos junto a la Sacristía, fue suficiente para que en menos de dos hrs. redujera a cenizas todo aquel vasto edificio incluso la nueva Iglesia. Grandes fueron entonces los quebrantos, que produjo en todos tan aciago momento; incluso las pérdidas que la comunidad tuvo que lamentar, deplorables las desgracias, incluso la muerte de un triste anciano, que por estar enfermo en cama no le fue posible salir, y nadie lo advirtió".

En el año 1868 había tenido lugar un nuevo incendio en el Colegio, edificio que se había reconstruido totalmente. El P. Francisco Cárcamo Pérez indicaba: «…pero felizmente lograse extinguir el fuego a costa de grandes esfuerzos, después de haber consumido como unos treinta metros del edificio, más que menos, que por estar algo separado del edificio principal, sólo servía de pesebre a los caballos. Sin embargo, la sorpresa fue terrible, pues eran más de las diez de la noche, hora en que toda la comunidad está recogida tomando el necesario descanso, la casa estaba llena de paja para pienso en los caballos; y el viento recio y favorable para propagar las llamas al edificio principal que formaba un claustro bastante espacioso, circunstancias todas en aquel momento hacían creer la destrucción completa de todo el Convento; por consiguiente la extinción del fuego no podía menos que atribuirse a un singular beneficio de la Providencia Divina. La pérdida solo consistió en el edificio y en seis caballos que pernoctaban encerrados dentro…». 

El 12 de octubre de 1882 nuevamente se incendia el tercer cuerpo de dicho edificio. El 20 de Julio de 1895 se produce el siniestro de mayor envergadura, prácticamente arrasó con el pueblo; testimonio escrito en el periódico «El Chiloé», en su págin 1, dice: «CRÓNICA. EL GRAN INCENDIO DEL DÍA 13″. Escribimos todavía bajo la dolorosa impresión que nos produjo la catástrofe de que fue víctima nuestro pueblo en las primeras horas de la mañana del aciago día 13. ¡La ciudad dormía tranquilamente cuando a la 1 y ½ A.M. de ese día la fatídica voz de ¡fuego! despertaba a sus confiados habitantes.

EL INCENDIO DE 1936

Pero una de las peores catástrofes de la ciudad fue el incendio del 4 de marzo de 1936 cuando se queman 300 casas. 

Un mito popular cuenta que antes de ocurrido el incendio, un animal (posiblemente un lobo de mar), se paseó por las calles centrales de la ciudad de Castro, hecho interpretado por algunos vecinos como la aproximación de una tragedia. Tiempo después, un incendio destruyó los edificios comerciales y las casas chilotas construidas en madera.

Se dice que algunos incendios fueron provocados por fogones hogareños que alcanzaban la ropa tendida en el interior de las casas, lo que desataba posteriormente las llamas.

Según Urbina, después del desastre de 1936 se promulgó el proyecto de Ley de Reconstrucción de Castro para modificar el escenario de pobreza y precariedad imperante, pero cuatro años después de la tragedia, continuaban existiendo vestigios de los escombros de los edificios de la calle Blanco y de las calles aledañas

A partir de los recursos entregados por el gobierno central, que se obtuvieron de una colecta proveniente de fondos fiscales, privados y donaciones particulares, fueron repartidos cerca de $67.947 pesos a los damnificados.

La distribución fue responsabilidad del ex alcalde, Clodomiro Martínez, nombrado específicamente para la tarea de entrega de víveres y del dinero recolectado.

La comisión pro restablecimiento de Castro y ayuda a los damnificados consiguió de parte del gobierno la Ley 5.827, que facilitaba los auxilios necesarios a la comunidad concediendo préstamos de $50.000.

El incendio de Castro de 1936 generó cambios sustantivos en la reconstrucción de la ciudad. Las viviendas y edificios se reconstruyeron con hormigón armado y albañilería reforzada. Estilo poco común para los acostumbrados a la madera, y ajeno a la arquitectura típica del centro de la ciudad.

Los desastres posteriores ocasionaron un proceso de reconstrucción constante y de adaptación a las nuevas edificaciones, así Castro se ha levantó después de cada golpe, de cada incendio y maremoto, demostrando la entereza de una de las comunidades de la isla grande de Chiloé. Hoy esto debe volver a ocurrir, pero con la ayuda de todos.

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