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Autor: DiariodePuertoMontt.cl , 31 de enero de 2021

El día en que la mitad de Calbuco fue arrasado por el fuego

Atención: esta noticia fue publicada hace más de 11 meses
Esto fue lo que vieron los bomberos de Puerto Montt al llegar a Calbuco a prestar ayuda en la "Yelcho", más de la mitad de la ciudad envuelta en llamas.
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[#HistoriasDiarioSur] Un 31 de enero de 1943 la ciudad fue arrasado por un incendio. Los pozos de agua estaban vacíos y el viento ayudó a la rápida propagación del fuego que quemó un total de 118 casas.

Calbuco, 31 de enero de 1943. Era domingo como todo pueblo del sur era un día de descanso familiar y relajo, con pocas personas trabajando y algunas familias pensando en viajar a Carelmapu el día 2 de febrero a la procesión de la Virgen de la Candelaria. Nadie imagine que al final de ese día hubo de lamentar que 118 casas fueron arrasadas por el peor incendio que ha soportado Calbuco desde su fundación.

Según el libro de partes de alarmas de la Comandancia del Cuerpo de Bomberos de Calbuco señala que a eso de las 15.30 horas de la tarde se declaró un incendio en la propiedad del señor Custodio Mancilla, ubicada en la calle Antonio Varas s/n entre Ernesto Riquelme y Federico Errázuriz. El edificio estaba ocupado por el capitán de puerto Hugo Herrera, quien además de trabajar en la oficina mantenía allí sus habitaciones particulares. Herrera no se encontraba en ese momento en Calbuco. Se cuenta que en esa casa o bien en otras contiguas había tambores de parafina que azuzaron aún más el incendio.

Ese relajado día domingo le jugó en contra a Calbuco, pues el comandante de bomberos no se encontraba en la ciudad y pudo constatar ya tarde la magnitud del desastre y, lo peor de todo, es que los bomberos cuando quisieron combatir el fuego se dieron cuenta que los pozos estaban vacíos. Los pocos bomberos que había en la ciudad más los vecinos poco pudieron hacer para detener el fuego de la capitanía del puerto y que pronto se extendió a otras casas.

Pronto otro hecho agravó más la situación: el fuerte viento sur. A una hora de dada la alarma el fuego arrasaba varias manzanas y la desesperación entre los vecinos de Calbuco crecía. Algunas personas sacaban sus enseres de una casa y las llevaban a otra, pero la propagación del fuego era tan rápida que llegaba hasta la casa donde habían puesto a salvo sus cosas e igualmente las quemaba. En otros sectores había gente que llevaba sus cosas a la playa, pero al subir la marea las arrastraba o bien ciertos amigos de lo ajeno se las robaban. Siempre en las catástrofes algunos sacan lo peor de los humanos.

Para agravar aún más la situación el viento sur cambió de sentido y empezó a soplar fuerte en dirección oeste, lo que hizo que los edificios que no corrían peligro se vieron igualmente amenazados.

Así ardieron edificios de las calles Antonio Varas, Ernesto Riquelme y Francisco Errázuriz. En esta última se encontraban edificios de dos pisos, los que contribuyeron a incendiar a su vez, debido a su altura, a edificios bastante distantes del foco mismo del fuego; tanto es así que una casa ubicada en calle Errázuriz esquina de Varas prendio a otro de calle Esmeralda, esquina de Varas. En esta forma el incendio se propagó a otros barrios y tuvo distintos focos. Los pocos recursos con los que se combatían las llamas debieron ser redistribuidos.

LA AYUDA

El Superintendente del Cuerpo de Bomberos de Calbuco, Alfonso Soto, al ver la rapidez con que se propagaba el fuego resolvió que la posibilidad de salvación era pedir auxilio a las compañías de bomberos de Puerto Montt. Por radio se hicieron los contactos desde algunas embarcaciones y desde contados teléfonos existentes de la época. Cabe recordar que en aquellos años aún no existía el piedraplén de Calbuco por lo que era una isla.

Uno de los que recibió el llamado de auxilio fue el comandante de la Segunda Compañía de Bomberos de Puerto Montt Bertoldo Binder Grothe, quien se encontraba en un paseo veraniego con miembros de su compañía, de inmediato todos respondieron al llamado de auxilio, se trasladaron a Puerto Montt. Binder requirió el zarpe del escampavía "Yelcho", llevando la bomba a remolque GAF, junto a la Quinta Compañía de agua; la Tercera de Hacha y a la Cuarta de Salvataje.

Cuando llegaron a Calbuco no daban crédito a sus ojos: la mitad de la ciudad estaba en llamas.

Como los pozos estaban vacíos las bombas debieron ser montadas desde las lanchas ancladas en el puerto, las que prácticamente debieron ser tomadas al abordaje por oficiales de la Armada, ante la negativa de los propietarios o patrones, que no querían que sus embarcaciones fueran "ensuciadas".

El comandante Binde fue práctico ante la tamaña tragedia de los calbucanos y ordenó "Lo que se está quemando, que se queme, pero el fuego no pasa de aquí". Gracias a las mangueras se logró evitar la propagación del fuego y controlarlo.

En el mismo escampavía “Yelcho” viajaron también el Intendente de la provincia Francisco Sepúlveda y el Prefecto de Carabineros Teniente Coronel Liborio Basualto León, con tropas de refuerzo y miembros de la Cruz Roja, con útiles y material, destinados a prestar los primeros auxilios.

DESASTRE EN LAS CALLES

El libro de partes de la comandancia de bomberos -que se salvó de las llamas por no estar en el cuartel- señala que a eso de las 17.30 horas, el fuego abarcaba seis manzanas, haciéndose imposible toda labor, pues parte del material tuvo que ser abandonado ante el peligro que corrían las personas que lo atendían. Tampoco fue posible llevar las bombas hacia las calles de salida, pues se encontraban en llamas. 

Se pensó en demoler edificios para evitar la propagación del fuego, pero no había material apropiado para ello, pues la única compañía de salvataje se encontraba en un sector donde no era posible sacarla y tampoco habría sido prudente trasladarla a otros sectores.

A las 18.30 horas -tres horas desde que se dio la alarma- el fuego ya había pasado por las calles Esmeralda, Angamos, Serrano, Condell, Aureliano, Sánchez, Miramar, Plaza Ramírez y parte de la Avenida Douglas, hasta la altura de la Empresa Eléctrica y la que fue salvada debido al derribo de cercos y pequeñas casas. En la calle Vicuña Mackenna, cuando ya el peligro parecía alejado, comenzó a arder el tejado de la casa de propiedad de la firma Guillermo Schmeisser e hijos, la que por ser de material ligero, no pudo ser salvada. En este sector el fuego terminó en la última de dicha avenida.

En la calle Eulogio Goycolea, pudo cortarse el fuego a más o menos 100 metros de Ernesto Riquelme, para ello fue necesario que la compañía de salvataje derribara una pequeña casa y eso contribuyó a la existencia de una pequeña muralla corta fuego.

Dominado el peligro en esta parte ya fue posible trasladar algún material, con grandes esfuerzos a la Plaza Balmaceda esquina de Ernesto Riquelme, pues la casa ocupada por la Gobernación, ubicada en este sector, ya se encontraba en llamas; allí pudo derribarse una bodega, evitándose así que el fuego continuara por la calle de Galvarino Riveros.

En el mismo sector de la plaza en calle Ernesto Riquelme con José Miguel Carrera el fuego amenazó la Escuela N° 1 que fue salvada tras grandes y tenaces esfuerzos, pues la bomba que se encontraba en el patio de ese establecimiento, no pudo actuar, debido a que el chorizo no alcanzaba a tomar agua, dado que el pozo es de gran profundidad, fue necesario derribar una pared y así pudo cortarse el fuego, usando baldes y tarros para arrojar el agua. Así, se paso, se salvó la Iglesia Parroquial y lo edificado en la calle Carrera.

Cuando el fuego consumía la última casa de la Avenida Vicuña Mackenna, donde se encontraba la oficina sanitaria, llegó el auxilio del Cuerpo de Bomberos de Puerto Montt, cuyos voluntarios tras grandes dificultades pudieron desembarcar sus bombas y desplegar parte del material; pero debido a los pocos elementos de desembarco, dicha tarea demoró algo de tiempo por lo que la labor de estos se limitó a apagar escombros en la parte alta, pues aún había grandes llamaradas. Esa labor se efectuó afrontando serios peligros, pues el material fue trasladado por el cerro donde no existía subida alguna y las bombas debieron trabajar desde la playa.

El fuego quedó dominado más o menos a las 20 horas de ese trágico domingo 31 de enero de 1943.

PÉRDIDAS

A la hora del balance se lamentó la pérdida de 118 casas, 54 casas de un piso, 23 de un piso con mirador, 38 de dos pisos y 2 de tres pisos. Las pérdidas ascendieron a $5.159.000 en inmuebles y $ 3.668.000 en menaje y mercaderías. Sólo 34 casas tenían seguros, los que alcanzaban a $ 1.581.000 pesos.

El Cuerpo de Bomberos de Calbuco perdió su edificio y parte del material que fue imposible sacar, como también el archivo de Directorio y Comandancia.

Tras el desastre muchos calbucanos abandonaron el pueblo y se fueron a vivir a otras ciudades. Muchas familias tuvieron que acoger a otras que lo habían perdido todo. Al día siguiente los vecinos salieron a remover los escombros, la imagen era de una penosa desolación. Años de sacrificios quedaron bajo los escombros de los edificios y casas.

Voluntarios del Regimiento Sangra de Puerto Montt debieron acudir a ayudar y en especial a hacer guardia de noche para evitar saqueos en los sectores siniestrados.

Este ha sido el episodio más triste que tuvo que vivir Calbuco en su historia, aun así se salió adelante y posteriormente en 1966 se inaugura el piedraplén, dejando conectada la comuna al continente.

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